miércoles, 4 de enero de 2017

LAS COLACIONES - El dulce seductor de la nostalgia

Ecuador guarda tradición, leyenda viva, historia, seres míticos y personajes, Luis Banda Smith es uno de estos personajes. Me recibe en su negocio ubicado en el centro histórico de Quito, en las calles Bolívar e Imbabura, este hombre tiene el poder mágico de los personajes de los cuentos, “de hacer con simple azúcar y maní  grandes poemas que sobreviven al amor y al tiempo, de hacer de lo simple algo bello, algo delicioso, como un poema borgiano” a decir del poeta Xavier Oquendo.

Luis cambió su profesión de ingeniero financiero por el oficio tradicional más dulce del mundo, no en vano asegura con su habitual gesto amable, que su oficio es su pasión, las grandes pasiones exigen dejarlo todo, como el artista que hace del arte su forma de vida.

Escucho un traqueteo rítmico en el fondo, como un sanjuanito ¿será el zapateo de las colaciones que bailan en la paila de Luis?, en efecto, él agita, remueve y mezcla un preparado de azúcar y vainilla que es la miel y el maní o las almendras, que poco a poco se van cocinando y tomando esa forma de esferas blancas, esto lo hace durante dos o cuatro horas, en una paila de bronce, de casi un siglo de vida, herencia de su abuela, que se calienta al carbón en un caldero.

Luis ama el color blanco, lo ama desde su emoción de hombre dulce, me figuro el cuento de los hermanos Grimm, “La casita de chocolate” pero versión ecuatoriana sería “La casita de azúcar, la casita de colación”, que podría ser también “La casita de las añoranzas”, cuánta añoranza nos traen los caramelos…

Las colaciones más que ser una golosina tradicional para el paladar, lo son para el alma, lo son para el recuerdo, comenta Luis, hay mucha gente que va a su local solamente por conversar, o a recordar su propia historia, compran y aprovechan para sentarse a hablar de los tiempos idos. Qué maravilloso sitio de conversaciones es este, la nostalgia aquí es de un dulce tan seductor, durante nuestra conversación entran varios niños a quienes Luis contenta con un dulce, viene una mujer con sus dos hijos, llega un taxi del que se baja un cliente asiduo de unos setenta años, y es que no hay consumidores de una edad determinada, hay niños, jóvenes, adultos, y abuelos.
Qué sería de Quito sin colaciones, se pregunta Luis; qué sería de nosotros si algún día sin más nos levantáramos sin recuerdos.

Sigue el zapateo de las colaciones en la paila mientras Luis relata que cuando era niño y su abuela manejaba el negocio, pasaba todos los días Don Pedro “el Manco” Velasco, hermano del Presidente Velasco Ibarra, frente a la tienda de su abuela y le decía a ella, “no te olvidarás de las dos”, Luis vivía intrigado por esto y no era para menos, no sabía a qué se refería Don Pedro; un día le preguntó a su abuela y ella muy sonriente le dijo como en secreto: “Llévale este paquete a Don Pedro” mientras empaquetaba dos libras de colaciones. Cuando Luis llegó, Don Pedro le invitó a pasar, Luis se quedó maravillado, ante la cancha de fútbol que Don Pedro tenía en esa casa del Centro histórico que por fuera no pretendía tal maravilla. Don Pedro era un fanático del fútbol, pero más que nada era fanático de las sonrisas de los niños, e invitaba a Luis y a sus amigos a jugar ahí, mientras él se deleitaba de su golosina favorita: las colaciones. Supongo, especulando un poco, que la pasión por el fútbol de Luis algo tiene que ver con ese recuerdo de niño. Finalmente siempre somos lo que fuimos de niños.


Luis henchido de orgullo y felicidad explica que las colaciones deben su nombre al alimento que llevan los niños a la escuela, él entrega entre 100 y 150 fundas semanales de este producto, dice esto mientras saca una a una a las blancas y traviesas esferas de su bailable cocción y empaqueta promesas de nuevos recuerdos para niños y grandes. 

RANA

...Este olor a carne despostada. Quiero terminar de una vez este absurdo trabajo que me ha tomado más tiempo del que pensé. Abrir de adelante hacia atrás es muy demostrativo, sé que así por lo menos se parece a esas láminas ilustrativas que venían en la anatomía topográfica de Rouviere y que me servían para soñar en mis horas huecas: las estructuras aponeuróticas, las membranas, los cruces de nervios… La sangre se vierte tan auténtica en la vida real tal como gelatina espesa. Es como abrir una llave eso de hender las cánulas cervicales con el extremo agudo de los cubiertos. Las arterias parecen ojos de agua pulsátiles de esos de los pozos, conforme el aire se cuela entre la sangre que se ha resbalado se empiezan a formar grumos. Incluso esta sangre que recogí en el vaso, empieza a volcarse en un precipitado difuso: abajo queda una miel amarilla y arriba una papilla de glóbulos marrón oscuro.

Acierto a meter mis dedos por la carne removida que practiqué en la tráquea con el cuchillo del pan, los resbalo lenta y tibiamente por entre las vísceras cervicales y divisiones vasculares, se me figura allí: la contextura interna de un piano, salvo que estas instalaciones son tibias como las cloacas de los animales recién muertos. ¡Diablos, me he rasgado la piel del índice en esta liturgia!  La mezcla de sangres no interfiere en el buen sabor que se pretende al tragarse la sangre de las heridas pequeñitas producidas por objetos cortopunzantes: los cartílagos a veces son tan puntiagudos sobre todo los cricoides que están al principio de la tráquea y del esófago. Al fin se quiebran, cediendo a la fuerza del doblaje y del forcejeo, y al igual que una lámina de plástico se forma una línea blanca antes de partirse y crac, cede.

Se que debo lograrlo. Lo supe desde el día que jugando me tocaba la garganta y sentía como vibraban allí adentro unas piececitas flotantes, yo las movía hacia la derecha y hacia la izquierda, a veces me daba tos ese movimiento.

En esos instantes quería saber como sonarían las piecitas cayendo al piso. ¿Sonarán igual que los bracitos plásticos arrancados de las Barbies? o como cuentas de madera de un viejo collar.

La piel, pensaba, debía ser igual que abrir un gajito de mandarina y virarlo por el revés, claro que el jugo sería mucho más abundante, más oscuro, más consistente, algo salado y ferruginoso. Puedo sentir su sabor en mi lengua como si estuviera en un arrebato de sed...

Recuerdo esa rana que diseccionamos en el colegio anestesiándola con éter. Su corazón latía dentro de su tórax abierto, evitamos su desangre ajustando las arterias pulsativas con las pinzas y así su muerte fue más lenta... toda muerte debe ser lenta, toda muerte debe gozar de esa lentitud excelsa, qué de encanto podrían tener las muertes repentinas o las muertes súbitas, la muerte es de esos postres que hay que gozar hasta el fondo.

Y ese era el caso de la rana, ella había estado latiendo unos diez minutos más… y otros diez más, y otros... 

Me hubiera bastado introducir una aguja y tocar la maquinita del reloj de su corazón para detenerlo y servírmelo como jamoncito para picar. Pero, no lo hice, quise seguir gozándomela, no todos los días se goza, no todos los días uno puede deleitarse de los placeres que esta nos ofrece. Esperé junto con mis compañeros que el efecto del éter se le pasara… el tiempo se hizo corto, generalmente la percepción del tiempo cuando lo disfrutamos se hace breve y en cambio cuando lo sufrimos se vuelve larga y angustiosa, dolor inextinguible, dulce infierno, piedra en el abdomen.

Es tan vivo el recuerdo que tengo de la rana que solo me basta cerrar los ojos, y creo que hasta podría palpar las manchas que dejó sobre los mandiles al brincar. ¡Qué festín tan agradable!

Me pregunto mientras rememoro todo esto: qué hará el dueño de este suculento cuello al despertar. Por si acaso he descolgado el teléfono convencional que hay sobre el velador, y jamás cargo teléfonos celulares por cualquier cosa que se ofrezca.

Por cierto ¿las manchas de la colcha saldrán o tendré que utilizar cloro?


Ciudad Destierro -  Febrero 2004

domingo, 15 de marzo de 2015

"DESEQUILIBRADA”

Nunca he podido mirar la línea imaginaria que marca el centro cuando intento ir en bicicleta, lo he intentado muchas veces sin éxito, la conclusión, digo bromeando, es que: soy una desequilibrada o como dijera mi maestro de maestros “soy cada día más inútil para las cosas prácticas de la vida” tal vez me falte desarrollar la motricidad fina y eso se deba a haber reprobado el jardín de infantes; imaginen que a mis treinta y tantos, corto con las tijeras como “comido de ratón” con estilete tengo bastante precisión pero con las tijeras podría quedarme sin dedos.

En algunas de las conversaciones con mi amiga Ximena durante el almuerzo, hemos reflexionado acerca de la importancia del equilibrio, toda vez que hemos empezado a leer los “Reglones Torcidos de Dios” de Torcuato Luca de Tena y a preguntarnos sobre cuál es la verdadera locura o el equilibrio, los de los que estamos fuera o los de los que están dentro. Llama la atención la inteligencia de la protagonista muy parecida a la del Dante Reyes, uno de los pacientes célebres de nuestro Hospital, más conocido como el “Cuentero de Muisne” y con quien tuvimos largas conversaciones durante su estancia aquí.

Hace tiempo tuve una crisis con mi hija, esto me llevo a imaginar en mi rol de madre, tan peligroso como caminar con los ojos vendados sobre una cuerda floja ubicada a diez metros de altura, transportando una caja de dinamita, qué importante es lograr mantener el equilibrio en esa situación con los hijos. Qué exista un equilibrio entre el cerebro y corazón, inteligencia y sensibilidad, sincrónicamente.

Cuando a mi amado le sobrevino el infarto cerebral que afectó su capacidad de hablar, me conformaba a veces con mirarlo caminar, coordinar la locomoción, el balance perfecto en cada paso y ese solo hecho era un milagro; me preguntaba cuánto tiempo tarda un ser humano en aprender a caminar, mi pequeño Demian empezó a caminar a los nueve meses. Qué maravilla el equilibrio del cuerpo, qué maravilla, además, el equilibrio en la música que escucho todas las mañanas mientras troto y qué maravilla el equilibrio de la energía entre mi espíritu y el universo a través de un mantra.

Todo es equilibrio y las patologías entendidas de este modo son solamente una pérdida de este equilibrio, ocasionadas por excesos o desórdenes; mi amigo el escritor Gabriel Cisneros Abedrabbo decía en una entrevista que le hice, que las enfermedades son muchas veces psicosomáticas, el no haber llorado o reído cuando debiste hacerlo.

Creo que en eso radica la extraña felicidad que me caracteriza, el haber logrado alguna especie de equilibrio o alguna paz en base al entendimiento de ciertas cosas, leyes y principios universales. Amo la vida y la posibilidad de la reflexión, el sentido que las lecturas le dan a la existencia, la música, la poesía, la misión a cumplir sea cual fuere, los gestos solidarios, la vibración y el color del amor, el color del sonido… el sonido del color, la posibilidad de construir o inventar y el que este sea siempre un nuevo día.

miércoles, 5 de febrero de 2014

ICTUS - Edison Navarro


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Este es el texto que preparó el escritor Edison Navarro para el día de la presentación de ICTUS:
 

El poema como cuerpo, el cuerpo como poema, el cuerpo enferma, pero el poema resiste a la sobredosis de dolor, el cuerpo sobrevive a la dosis de enemigos químicos, pero al final se inunda, se desborda, manifiesta su fragilidad, la ausencia de salidas para el mar que nos recorre, tanto así, que si una piedra blanda tapona el agujero por dónde fluyen los recuerdos, nos llenamos nuevamente del dolor al que no sabemos sobrevivir. 
 
Es el manar de dos venas permanentes, un corredor largo dónde todo lo palpable construye la realidad y el otro que lo reinterpreta, que cambia de nombre a la anatomía de lo existente. ICTUS libro tangible de Rocío nace y crece en la plenitud del amor frente al ser que se rompe, abraza las dudas y el miedo que se encierra en los pabellones del corazón, construyendo con la palabra imágenes sublimes para hacer del verso el lugar de encuentro entre la piel del padre y la memoria de todo aquello que hasta hoy levanta con poesía lo que derrumba el viento helado de la ausencia.

Rocío enfrenta a la belleza del poema con la desesperación, lleva al mismo tiempo la conciencia de la vida que resta en el vientre de la familia, en los líquidos de su madre dónde habitó y que son los mismos, fluyendo en las cuerdas que sostuvieron a su padre y a las venas del poema; – de tan poco depende la vida y de tanto amor su poesía- y esto es latente en ICTUS

la cabeza de mi padre es un globo donde las altas presiones del liquido forman un talud submarino
mi nombre y el de mi madre son dos peces entre las cavidades de su carne (…)”

La belleza gana la batalla y por eso ICTUS es un acto de rebeldía frente a la muerte, no encontrarán reclamos en su poesía, menos aún una palabra que intente explicar la angustia de quien parte a las profundidades de la memoria intentando buscar su origen.

Rocío sabe trasladar con fuerza el mundo tangible que necesita de respiradores, mangueras y agujas para existir, hacia este universo-poesía que dicta sin temor alguno, como se vive durante el miedo, el silencio y la agonía; después del placer, el encanto y la dulzura del estar.

La poesía de Rocío es el puente a lo salvable y ella acude con necesidad a la raíz de sus pasos, para dejar escrito en las paredes de este sanatorio de la existencia (la vida), cada uno de los temores que vió a su padre vencer.

(…) me pongo su pijama
transmuto”
tengo sus mismos pies
sus manos
su mueca en las fotos
su marca de nacimiento
y el vaciamiento de su sonrisa
incluso podría estar haciendo una diabetes o haber heredado su fibrosis
o el botón aórtico prominente con el que amó (…)”

Después de leer varias veces ICTUS me pregunto ¿El poema como cuerpo, el cuerpo como poema, o es la inexistencia, el poema que nos habita?

Rocío nos enfrenta a este caudal para hacernos de su mundo, el que solamente se puede sentir para saber que existe y en uno de sus poemas dice:

el llanto es un poema que necesita ser trabajando en el silencio de la intimidad”.

Y hoy nos lo presenta.



lunes, 27 de enero de 2014

ICTUS, Memor Patris.


Por: Milton Fernando Romero-Obando


Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar..” Jorge Manrique
Dios mío, yo te ofrezco mi dolor ¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte!” Amado Nervo


Ictus, cuadro sintomático donde se devela el proceso agónico del enfermo y sus allegados. La poeta Rocío Soria Romero nos presenta esta elegía surgida de un sumario tremendamente doloroso de vivencias y experiencias compartidas con seres amados, un deambular entre lo terrible, lo doloroso y lo siniestro.

Soria va tejiendo un registro de vivencias captadas desde su ojo poético, y las transforma en imágenes líricas llenas de sensibilidad y resignación. Su voz, a pesar de tener un tono de carácter agónico, mantiene una fuerza vital, comparada únicamente con la Fe del espíritu.
Soria apuesta por una estética llena de imágenes terribles y dolorosas, donde derrumba su melancolía, un mundo lleno de quejidos, lamentos, agujas y sueros, por otro lado, contrasta estas imágenes noctámbulas con referentes de valor, moral, amor, respeto y resignación. El efecto conseguido es una poética de lo sublime, donde el yo lírico evoca recuerdos, momentos y sensaciones próximas a la muerte de un ser amado. 
 
Dice Soria, “el poema se dejaba de circular a ratos y otras se volvía piedra cerrando el paso de luz en la arteria” (Pp. 2), parece ser que el lirismo de la poeta nos lleva de un mundo fluctuante, lleno, donde la vida trascurre llena de imágenes, y se petrifica en un momento (o mil momentos), como una foto en blanco y negro, como recuerdos colgados en la pared.

La belleza de Ictus, está en ese romanticismo puro, donde se aluden imágenes crueles, terribles, llenas de una oscura pesadumbre. Estas imágenes son fuente vital en la poesía de Soria, desde su alma poética hilvana paso a paso, recuerdo a recuerdo, un proceso agónico. En esta contraposición entre la belleza, e imágenes grotescas, es que se (re)construye un nuevo significado de belleza. Esta sugerencia de recuerdos dolorosos se proyecta hacia el futuro, en donde el paradigma poético se encarga en extrapolarlo hacia la eternidad.

Ictus, es el tributo que la poeta quiere dejar a la memoria de su padre, no como un epitafio condenatorio, sino como una muestra de coraje y perseverancia en conservar la vida hasta el último momento. Es esa sed de vida, la que llevan a su padre a pelear con la muerte y librar, literalmente, una batalla sangrienta por aplazar en algo, no el último peldaño de la vida, sino por continuar gozando de esas pequeñas cosas que le puede ofrecer su familia.

Rocío Soria muestra ese cumplir siniestro e infranqueable de la muerte, sin embargo, acota, la valentía y el coraje con el cual se la debe confrontar, a decir de la poeta, está en su padre un ejemplo de vivencia total incluso ante la muerte. La poeta va de la mano con su padre en este recorrido mortal, previendo ya el trágico final, la muerte cubierta de un halo de resignación cristiana: “sentada al pie lo ve morir/qué más se puede hacer frente a la muerte sino presenciarla/rezar si acaso/aunque ciertas tardes ella se contente con ficcionar” (Pp. 45)

Ictus, es una muestra más de esa pasión y curiosidad poética que tiene Soria, una elegía con tintes góticos, la energía vital poética de Rocío Soria se (re)inventa en cada intento literario, cada uno de ellos es un nuevo reto, de los cuales la poeta sale siempre airosa. En esta elegía su voz se resquebraja mientras encuentra un clavo de donde asirse, y salvarse. Ictus es una prueba de vida…..

viernes, 10 de enero de 2014

ICTUS

¿Qué nos queda tras la pérdida de alguien amado?, ¿Cómo vamos sobrellevando la ausencia y llenando el vacío? y ¿Cuánto degrada la enfermedad del ser ligado en afecto y vida? Esto se cuestiona Ictus (El ángel editor, 2013) el reciente poemario de Rocío Soria (Quito, 1979). Un trabajo oscuro en su visión poética, arcano en los recovecos que recorre y apabullante en sus trazados del dolor. 

En Ictus, el padre y su enfermedad, son un dueto degradándose a ritmo acelerado. Donde el pasado va trastabillando en un círculo que espera fin, poro mientras tanto va aniquilando las posibilidades de reencontrase con la realidad. Una realidad que desde la voz poética resulta imposible. 


la cabeza de mi padre es un globo donde las altas presiones del líquido

forman un talud submarino

mi nombre y el de mi madre son dos peces entre las cavidades de su carne

(p 13)


tanta sonda y ninguna flor

tanta sonda y ningún recuerdo

tanta sonda y ningún poema

(p 19)


vos te quedabas de pie en el cuarto de baño vestido y con la llave de

/los olvidos abierta

(p 20)


En Ictus, la enfermedad, el padecimiento, el tiempo transcurriendo lentamente, son un reducto donde el caos es una voz apaciguada en sus alaridos internos. 


pájaros de la noche mis padres y yo

la noche arrastró nuestros ruidos los volvió piedras gigantes y azules

(p 11)


yo soy el coágulo que detuvo el paso de luz en esa arteria pulsátil

/que es mi madre

(p 16)


mi cuerpo es una pequeña morgue

una sala de urgencias

un aparato que zumba y jode

un banco en el que otros se sientan a contemplar mi rostro

(p 23)

Pero Ictus, como propuesta poética, va más allá, explora la vida, la sobrevivencia justamente desde aquella herencia post mortem y ¿onírica?, donde el dolor ha migrado a los sobrevivientes, a quienes deben recordar. Pulso estrepitoso del ambiente.    


me pongo su pijama

transmuto

tengo sus mismos pies

sus manos

su mueca en las fotos

sus marcas de nacimiento

y el vaciamiento de su sonrisa

(p 31)


no habla la mujer sino el miedo que desdobla su cuerpo en infinitas

/voces y lo desdibuja

(p 42)


me recuesto con la muerte sobre el pecho

la abuela dice que mi muerte es pequeña comparada con las que

/ella tuvo

que parece solamente un animal dormido o un muñeco

(p 46)


Versos apabullantes, sensaciones donde la oscuridad de la memoria juega a verse en el espejo de la desesperanza. Eso es Ictus, un ritual tétrico, donde la muerte es una sombra que persigue, que estorba latente e incómodamente en la soledad.

INVITACIÓN A PRESENTACIÓN DE LIBRO



La Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión,
el Hospital de Especialidades Eugenio Espejo
 y el Ángel Editor
Tiene el honor de invitar a la presentación del libro
De: Rocío Soria Romero
El acto contará con la participación del
Intervención musical: Wladimir Iza
Jueves 23 de enero de 2014, 19h00
Sala Benjamín Carrión
Casa de la Cultura Ecuatoriana
Av. 6 de Diciembre y Av. Patria
¡LOS ESPERAMOS!

POEMARIO ICTUS


ICTUS

Juan Secaira


La poesía y la agonía se conjugan —se rompen, se rebelan, se descubren— en Ictus; precisamente ahí: en el trastorno del ser, en el cuerpo del poema que no se limita al testimonio o a la queja, sino que se transforma y da vida a un dolor auténtico. La palabra acompañando, siendo sin ser. La desavenencia del afecto cercano y de la familia como la unión en el camino hacia la muerte. Donde la conciencia fenece o se convierte en arte.
La familia como un núcleo, como un organismo en el que se protege, se ama, se entiende; incluso en medio de la aflicción el instinto se convierte en verso y persevera. La supuesta lógica de la existencia fragmentada por el miedo, por el amor, por las sondas, las bacterias y los venenos. Y no hay un poema de despedida, no existe el orden en el hermoso, intenso y doloroso trayecto del cuerpo.
La confusión de los afectos, el carecer de explicaciones o justificación alguna, el corazón de la poesía en medio del caos de la enfermedad.
La comunión entre la visión del padre y la poesía recorre el libro, hermana a la sensibilidad que mueve a la poeta, que la conmociona y la habita. En donde el sufrimiento y el verso conviven en el sublime espacio del silencio.
Un espacio vertiginoso, verosímil y árido. El lugar en el cual toda experiencia es insuficiente y agónica. La sinfonía del adiós. El miedo enfrentado al cinismo, a la desesperanza, a la lenta ebullición de los sentidos. De lo que se trata no es de nombrar sino de quitar los nombres, los conceptos, el lugar común, y más bien ejercer el efecto del corazón para poder asirse a lo que queda.
El recuerdo enclavado en el ánimo, en un escozor del que después solo resta el individuo, la historia quebrada, la mimética de su conflicto cobijada en un sonido agudo, tal como el poema, como la verdadera existencia, como la espera.
Rocío Soria es una poeta, y sus versos agitan e impactan, no desde los convencionalismos, sino desde el tejido de un lenguaje que crea un universo sin más concesión que la belleza en medio o junto al declive, a la sensación del final. A la finitud. A la vida.





miércoles, 9 de enero de 2013

Antología bilingüe de poetas ecuatorianos contemporáneos




Gracias a la perseverancia de Ramiro Noriega, Consejero cultural de la Embajada de Ecuador en Francia, al trabajo de la SENAMI (Secretaría del Migrante), a la dedicación benevolente des los antólogos Ramiro Oviedo y Augusto Rodriguez y de los traductores, el poeta Rémy Durand, Anne-Marie Durand-Kennett y Gabrielle Lécrivain, se publicó en Quito, en noviembre 2011, la Antología « Apartar lo blanco de la luz », 33 poetas ecuatorianos contemporáneos del siglo XXI. 

El prólogo, exhaustivo, con firma de Ramiro Oviedo et Augusto Rodriguez, asienta con claridad e inteligencia la poesía de estos jóvenes poetas en la historia reciente del Ecuador et de sus movimientos literarios. Las notas de pie de Rémy Durand ofrecen un enfoque pertinente. 

La Antología ha sido presentada en Francia en Universidades, Centros culturales y para Asociaciones. En Ecuador Remy Durand la presentó en todas las Alianzas Francesas del país.

Ahora viene la publicación de la Antología en el sitio internet de Rémy Durand, para que la palabra poética del Ecuador vaya rumbo a muchos lectores en el mundo entero.

Link:

"Séparer le blanc de la lumière", Anthologie bilingue de poètes équatoriens contemporains, Quito, novembre 2011
"Apartar lo blanco de la luz", Antología bilingüe de poetas ecuatorianos contemporáneos, Quito, noviembre 2011

domingo, 24 de junio de 2012

“No es dicha”, un paseo en bicicleta por ciudad Sicodelia

Por: Rocío Soria

“No es dicha” es una ciudad Sicodelia, ciudad que se derrama por los bordes, ciudad que se consume en pastillas, ciudad de imágenes, ciudad caleidoscópica, ciudad que explota en llaveritos de colores o en llaveritos blancos, en arcoíris, en verdes, en amarillos, en azules, en púrpuras, en rojos, en anaranjados; o en blancos, grises y negros.
Ciudad de llaveritos de colores con los que se abren puertas falsas o verdaderas de escondites, agujeros y guaridas. Ciudad Sicodelia, ciudad de los placeres y las soledades de los hombres, de las calles y de los lupanares de seres anónimos, de las cópulas tristes y de los sitios en los que la muchedumbre goza un partido de fútbol para matar el tiempo, goza un partido a muerte, un juego que puede ser el de la propia vida donde las cabezas de cualquiera podrían convertirse en pelota que los jugadores patean en la cancha y “un auto aguafiestas, con chofer malhumorado ruge sobre la pelota y el partido culmina/ el loco Óscar intenta inflarla con el aire de sus pulmones”.
“No es dicha”, no hay dicha, la dicha es falsa solo existe el instante y después la caída abrupta, no hay dicha verdadera ni felicidad solamente existen estados de plenitud, de éxtasis. En los rincones urbanos de esta ciudad Sicodelia, cae la noche como cae el día, los locales se atiborran de gente que baila, que tiene sexo, que se conoce en “el tráfago del instante previo a una acción jamás verbalizada más allá de los aullidos” ciudad cuya boca “dice mentiras mientras amainamos el asco mutuo” y “la sensación hormiguea”, y las putas deleitan con su entrada gloriosa apartando momentáneamente el dolor de existir, ciudad de sangres, ciudad culposa, ciudad pecera, ciudad donde la esperanza no solo es enfermedad sino “enfermatez, enfermación, enfermadura”.
“No es dicha” lo que se alcanza en el trip de la existencia, se le parece mucho pero no es dicha, es solamente alucinación, ciudad alucinada, ebria, ciudad que escupe las verdades a la cara, ciudad resaca, ciudad donde “la lágrima salada atrapa el horizonte” y es muerte habitual y cotidiana; ciudad fosa común, ciudad de dobles caras, de triples caras, de infinitud de caras, de los absurdos, ciudad en la que a alguien “… se le ocurre regarse en dosis extremas en una madrugada tan linda…” ciudad de las paradojas es este libro de Secaira urdido en ambientes brutales que recuerdan a los “Espectaculos energumenescos de gente ebria en noche plenilunada” de Stornaiolo, gente ebria que “no es lo suficientemente invisible para ser feliz”.
“No es dicha”, pero también muy probablemente sea mucho más que dicha, la magia de lo fugaz, los treinta y tres minutos en que “volverás a tocar la hiel del infierno”; libro adictivo este libro de Juan Secaira, pienso en la dicha tan grande que debe ser pasear en bicicleta con Hoffman por las venas de ciudad Sicodelia.
Quito, 30 de marzo de 2012

miércoles, 14 de marzo de 2012

Los niños son lectores de paladar delicado, no comen salchipapas literarias

Por: Rocío Soria R.

Edgar Allan García Rivadeneira es un escritor multifacético ha incursionado con éxito en casi todos los géneros: ensayo, poesía, cuento, novela y literatura para niños y jóvenes, es autor de 32 obras y coautor de ocho libros, nació en Guayaquil pero se nacionalizó esmeraldeño bajo la consigna de “los esmeraldeños nacen donde les da la gana”.

Son las dieciséis horas treinta en la lluviosa Quito cuando llego a su casa, él me abre la puerta, me recibe con esa simpatía que lo caracteriza aunque un poco extrañado de que lo vaya a visitar a los tiempos, me invita a pasar y me brinda nueces y chocolates, en su casa de niño grande todo tiene el sabor de la golosina, empezando por sus libros y por su charla.

Me cuenta un poco sobre la historia y el boom que desde el año dos mil mantiene la literatura infantil y juvenil en el Ecuador; sobre el resurgimiento de algunos autores como Edna Iturralde, Francisco Delgado, Hernán Rodríguez Castelo que ya venían escribiendo literatura infantil desde antes y el aparecimiento en escena de nuevos valores como Soledad Córdova, Leonor Bravo, Edgar Allan García, María Fernanda Heredia entre otros.

Refiere como Alfaguara y Santillana iniciaron la línea de literatura infantil en el país y propusieron a los escritores que no escribían en esa línea que intentaran hacerlo; luego, detalla, apareció Libresa y Editorial Norma a quienes les pareció un buen negocio el promover en los colegios la adopción de ciertos títulos de literatura infantil y juvenil.

Sostiene que la literatura que se consolidó era la que proponía formas más lúdicas y audaces, más conectadas con las nuevas formas del quehacer literario porque los niños detestan todo aquello que no tenga sabor lúdico, profundidad, aventura, experiencias psicológicas interesantes y contrariamente a lo que se cree, ellos no consumen cualquier chatarra que se les dé, son lectores de paladar delicado que no se comen “salchipapas literarias” bromea.

Asegura que una de las cosas con la que se equivocan los profesores es creer que la literatura sea una pedagogía disfrazada, es decir que los niños sean “educaditos” porque en ese libro dice que así deben ser; a los niños esa pedagogía disfrazada les sabe a berenjena que aunque la recubras con chocolate, simplemente no les pasa, le meten el diente y se dan cuenta de la trampa.

En cuanto a los temas de los libros, explica que todos en absoluto son susceptibles de ser tratados en literatura para niños y jóvenes, depende mucho de la calidad del escritor, de la forma en que se aborden los temas y sobre todo si el mundo adulto le permite a ese libro ser parte de la lectura del niño, muchos libros han terminado en el cesto de basura porque tocan temas que resultan políticamente incorrectos. Los niños están abiertos a un montón de ideas, no están contaminados; los adultos son los que contaminan su percepción, asegura.

En relación a esto recuerda que hay series animadas como “Los Simpson” que tocan todo tipo de temas: la crueldad, la irresponsabilidad, la miseria humana, el egoísmo y podríamos dilucidar si eso es conveniente o no para los pequeños, pero lo que si es cierto es los niños están consumiendo una gran cantidad de temas críticos y los padres ni se dan cuenta, en cambio el libro se ha convertido es un objeto de sospecha, lo examinan de arriba hacia abajo para ver si a su niño le conviene o no leer este tipo de cosas. Hay una doble moral que en el fondo es una rabia al libro, manifiesta.

Aunque por otro lado no deja de sentirse satisfecho con algunos padres de familia de clase media alta quiénes en su formación fueron lectores y saben de lo importante que es la lectura en la formación del niño. Los hijos de estos padres leen entre quince y dieciocho libros al año en sus colegios que son instituciones que si se están tomando en serio el tema de la lectura. Es importante el apoyo de los padres lectores, asevera.

Afirma que no es que no se lee porque no se tenga dinero para adquirir un libro sino porque no se quiere, los profesores tienen una actitud muy cuestionable, poco responsable respecto a la lectura, hacen un daño tan grande a los niños porque no escogen libros dulces, les mandan a leer cualquier cosa y como no seleccionan bien las lecturas evidentemente les van a mandar a leer libros que no producen ningún impacto en los niños. Esto es terrible, cuestiona, matar el placer por la lectura a un niño es casi un equivalente a la pedofilia, le matan la ilusión, le cierran un montón de puertas que se pueden abrir en su vida y la posibilidad de entender el mundo de una manera diferente. Este es un problema de nuestro país y de todo el tercer mundo.

En el país se han sentado algunas bases, pero faltan muchísimas cosas por hacer. En la cuestión de promover la lectura falta de aquí a la luna, comenta.

En cuanto a los medios de comunicación del país, revela, que es casi nada lo que han hecho en este tema, los espacios son reducidísimos, hay suplementos infantiles como la Revista La Pandilla o La Cometa que están dirigidos por periodistas recién graduados, las propuestas son de llorar, no hay un repensar de este tema ni por parte de los medios ni por los organismos gubernamentales como Ministerios de Educación y Ministerio de Cultura, el tema de la lectura es algo que se les escapa y por desgracia han incurrido en no pedir ayuda a asesores que saben del tema para establecer una verdadera política de lectura a nivel nacional. Reconoce que también han faltado propuestas alternativas de parte de los escritores.

Qué genial sería, que el Estado comprara a las editoriales libros a unos precios reducidos, les vendría de maravilla porque no tendrían que contratar ilustradores o diagramadores porque el libro ya está hecho y podrían escoger títulos nacionales y extranjeros que sean los más adecuados, por ejemplo en Argentina acaban de contratar a quince o veinte asesores para que les recomienden cien libros que deben leer los chicos de ese país, cuatro de esos libros son de autores ecuatorianos, uno de ellos es de autoría de Edgar Allan, lo cual quiere decir, señala, que de alguna manera ya estamos mirando con pantalones largos el tema, porque antes éramos ignorados, no existíamos y de alguna manera esto era cierto, en los primeros años nadie sabía que se estaba haciendo literatura infantil en el Ecuador.

El problema también es de distribución, puntualiza, las grandes ventas solo están en Quito, Guayaquil, Cuenca, Ambato, Ibarra; pero si tú quieres encontrar un libro en El Oro, Cañar u otras provincias no vas a encontrar nada, las editoriales grandes, como es un buen negocio, ven dónde hay público interesado en comprar grandes cantidades de libros y se van a los grandes centros urbanos. En cambio si el Estado los comprara podría distribuirlos en todo el territorio nacional.

Cuando son las dieciocho horas nos despedimos, él tiene que salir urgente a atender un par de pacientes; yo, en cambio, me voy con la dulce emoción de haberle visto, camino hacia la ecovía abrazando las notas que tomé y la grabadora con la entrevista a continuar mis actividades.

jueves, 11 de noviembre de 2010

CARTA DEL ESCRITOR MODESTO PONCE MALDONADO

Amigos, comparto con ustedes una carta del escritor Modesto Ponce Maldonado. Gracias Modesto por tus palabras.

Rocío:

Además de considerarme un escritor más que un crítico, no he querido pretender hacer un análisis de tu poemario Isadora. Me siento más fuerte ante la narrativa, aunque una novela o un cuento es mejor que no se desprendan totalmente de lo poético. He preferido, pues, escribir una pequeña carta a la autora después de haber leído la obra. Una carta para ti. Así es mejor.

La leí lentamente, sin prisas, no solamente porque no tenía interés de que esa lectura se termine, sino, sobre todo, porque cada frase y cada giro me detenían, me ataban. Tú mismo lo dices: “hojeo el libro por una señal tuya”.

Además no hay otra forma de entrar a ese mundo creado por ti.

Quizás el término "lentamente" sea el adecuado, porque con seguridad la escribiste sin prisas, atando cada significado con otro, cada verso con el que le sigue.

Se trata de variaciones sobre el cuerpo, la piel, el deseo, la muerte, la pasión, el olvido. Tan "lentamente" como si se tratare de entrar al alma de una mujer, ante todo misterio, zonas ocultas o encantadas. No. No diré "de una mujer", sino de "la mujer": "Isadora muñeca de personalidades múltiples", “niña de niebla”, “niña palpitante” El título del libro tenía que llevar el nombre de una mujer. Un nombre hermoso, sugestivo. Me sentí atraído por tu capacidad de producir imágenes, por la "velocidad" (el término es prosaico) con que se suceden, con la vehemencia que aparecen, desafiantes, huidizas. La sugerencia y el golpe directo, inapelable, se alternan en cada verso. Son tus versos los que se presentaron poco a poco, mientras yo los subrayaba: "el recuerdo es el vicio de los solos"... "la muerte no es una sola, hay muchas muertes"... "¿Rabia menos o duele más?" (una patética definición de "desengaño")...


"demonionoche / demonio hembra"... "El hombre amado de un brinco y súbitamente se infiltra en los / ojos de ella” /... "pájaro de luz invisible en el agujero de su cuerpo..." ..."No hay tiros de gracia"... "Las muertes tácitas, / las muertes completas, / las muertes semiinconscientes, / las muertes perennes, / las que se quedan" ... Muy especial para mí el número 8 de la parte II. El grito de rebeldía, casi de impotencia. “He blasfemado contra ti por todos los cielos“… “Dolor circular, / dolor casa de magias…. “Isadora, hija de la grandísima tierra”…



Igualmente, el 3 de la parte III dirigida al “hombre amado”… “carne de siete cruces, / tango de siete cruces, / frío encarnado de siete cruces”. “El hombre amado cae de rodillas / eyacula un río de siete cruces”.



El Epílogo se cierra hacia lo que está escrito y se abre ante lo que está por escribirse. Confirma y huye. Espera y busca. “Pájaros revolotean por las márgenes de los cuerpos”… “En el borde de la calzada un hombre brinda consigo mismo”… “Todo final tiene pájaros entre las aspas del ventilador”… "Entre sus alas, / a dos cuerpos, / a dos espejos, "... “los golpes contra la pared de la locura…”. “Todo está frío y rígido ahora”.



Y algo más: tu constante, reiterativa, referencia a la música. Nada mejor que haber recordado al profundo y extraordinario Réquiem de Mozart. ¿Sabías que a Mozart, adorado en vida, le llevaron al cementerio totalmente solo en una carroza, seguido nada más que por un perro flaco y hambriento? Creo que existe una pintura que reproduce la escena.



Nada más, Rocío. Gracias por escribir Isadora. Gracias por haberlo puesto en mis manos sin conocernos antes, de no mediar una casualidad. …Porque de casualidades está hecha la vida, el amor, el deseo, la amistad, la muerte…